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Escrito el Viernes, 05 Agosto 2016 Publicado en Blog

 

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Me llamo Elena Nieto González, hija de Felipe Nieto Castañeda, luchador social y extraordinario profesor.

Aún cuando no tenía el grado escolar, le llamaron Maestro toda su vida, tal vez porque la sabiduría popular, intuye que casi todo profesor es un luchador social y todo luchador social es un maestro.

Una de las anécdotas favoritas en mi familia, refiere que cuando yo tenía un año de edad, mi padre, (ferviente activista del MRM, entonces grupo opositor al sindicalismo charro), participaba en las manifestaciones magisteriales en el Zócalo de la Cd. de México, yo me sumaba, montada en sus hombros, gritando a media lengua: “¡Que viva Othón Salazar!”…

Mi vocación por la docencia nació como algo natural, entre imágenes de lucha, de esfuerzo, de retos y logros cotidianos.

Mi padre era un narrador nato, que entre expresiones de sorpresa, emocion o azoro, frecuentemente salpicadas por sonoras carcajadas, nos contaba, a su esposa y a sus tres hijos, a manera de sobremesa, después de la temprana cena, la continuación del extraordinario “reality” que vivía diariamente en la escuela.

De esta manera, nos desternillamos de la risa al saber del niño extraedad que reclamaba el “diez” de calificación, sin considerar que en su prisa, solo copió los resultados, omitiendo el dividendo de las operaciones matemáticas.

Nos conmovimos hasta las lágrimas ante la valentia de “Machis”, niña extraordinaria que en tercer grado de primaria brincaba la cuerda y aún el “mole” con una sola pierna, apoyada en una tosca muleta de madera.

Nos sorprendió la sagacidad detectivesca del adulto que prometió a la clase de cuarto grado, “cachar” al niño o niña que durante varios días había robado el dinero producto de la venta de los desayunos escolares, que él, confiadamente, dejaba durante el recreo en el estante abierto.

Nos emocionó saber que, empleando polvo de gis color rojo, esparcido abundantemente frente al estante abierto, pudo identificar, por la huella de los zapatos a quien era el autor del abuso, y no estuvimos muy deacuerdo al saber que después de conversar con el niño sobre lo inadecuado de su comportamiento, le vendió su desayuno como cada día, teniendo en cuenta que era un niño muy carente de afecto y alimento, reiterándole, además, su plena confianza en él.

En otra ocasión, cabeceamos interesados, de un lado a otro, ante los argumentos morales que esgrimía mi madre, cuando él, sonriente y satisfecho, nos contó que le ganó a su alumno de segundo grado, en un juego de canicas, ¡una gran cubeta de las mismas!, cientos de hermosas, brillantes canicas de distintos tamaños, ¡un verdadero tesoro!: transparentes “agüitas”, pesadas “bombochas”, maravillosos “treboles” y monótonas y barrosas “cacamonas”, no omitiendo, en su defensa, que el niño era “el gandalla” del grupo, que había conseguido tal fortuna despojando a sus amigos y compañeros, de manera que pensaba darle una lección, regalándole, pues ahora eran suyas, solo la mitad de las canicas y distribuyendo la otra mitad entre el resto de los niños.

A partir de la escucha de incontables anécdotas, fui intuyendo al espacio escolar, como un lugar amoroso, divertido, comunitario, en el cual era posible crecer y convivir en equidad.

Inspirada en ello, y atendiendo al consejo de un viejo investigador, que sostiene que la aceptación total entre maestro y alumno, avanza el trabajo escolar en un 60%, he procurado hacer del aula, un oasis; un espacio de respeto, paz y luz en el cual, a partir de los lenguajes no verbales: el gesto, la mirada, la caricia y la sonrisa, estrechamente vinculados con el juego y la creatividad y la palabra y la escucha, alumnos y profesora, puedan ser reconocidos como seres humanos, antes que traducidos en frios números que cuantifican lo incontable.

 

 

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Antes de iniciar mi narración, estoy al mismo tiempo pensando cual es la que he de dar el privilegio de ser ampliado al llegar a más oídos, y es una cuestión muy difícil, es una lucha ideológica.

Pero me gustaría exponer esta historia de la siguiente manera,  pensando en los otros, en esos  niños y niñas  que invisibiliza ésta cruel reforma, como si no existieran, y hablo en especial de los niños y niñas indígenas de Oaxaca, a esos niños que no quiere ver esta reforma, deporsí la educación así como está ahora muchos niños y niñas  de nivel preescolar, primaria e incluso de secundaria tienen que caminar bajo la lluvia y el sol por dos, tres o más horas para llegar a un centro educativo, descalzos, con lo pantalones enrollados hasta la rodilla para  no mojarlos  y enlodarlos porque es la ropa  que se pondrán mañana también  y es con la que  tienen que estar en el salón  por lo que  buscan mantenerlos  secos.

Y porque no considera que a veces en casa no le dió tiempo de almorzar y se lleva su taco  a la escuela para llegar a tiempo y con ganas de aprender; además que esa evaluación no considera que estos niños tienen muchos otros problemas  encima que muchas veces no le permite  centrar su atención en clases, porque a lo mejor hoy no tuvo el frijol o el maíz que necesita para comer o porque hoy su papá le pego a su mamá, como me decía una vez un alumno mío de primer grado:

-       Mi mamá sufre de violencia familiar-, así con esas palabras, sabe exactamente lo que pasa en su casa, no lo nombra como: “mi papá le pegó a mi mamá”, lo cual me sorprendió.

-       Hablo de estas diversas situaciones que suceden en el aula, que hace que esta sea o no la clase esperada, si se dedica a ver  resultado y no los sentires y situaciones humanas que  atraviesa este espacio educativo.

Habla de una niña y un niño mixe que lleva en su ser la música, de un niño o una niña de Loxicha en la que impera un mundo de violencia, muerte, miedo en su ser y estar, siendo víctimas de esa violencia y en muchos casos haciéndoles falta algún miembro de su familia, que por venganza o por buscar mejorar sus condiciones sociales, son asesinados por el caciquismo priista. Por esos niños y niñas digo que esta reforma educativa se ha olvidado del ser humano.

 

  

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Soy maestro rural y durante los once años que llevo en el servicio he recorrido diferentes comunidades, en las que no hay gran diferencia en su forma de vida, comunidades en que la constante es la pobreza, la incomunicación, falta de servicios médicos… puedo decir que conozco sus necesidades y las hago mías.

Ahí se encuentran esos niños y jóvenes invisibilizados, esos que no son tomados en cuenta, que reciben clases en las condiciones más precarias, esos cuyas necesidades la reforma educativa no toma en cuenta; por cierto, reforma propuesta e impulsada por un pequeño grupo de empresarios, cuyo propósito es la producción de capital humano, viendo solo en la educación un medio para expandir sus negocios.

Hoy estamos en lucha, en la resistencia, por ellos, por nosotros, por la niñez en quienes supuestamente está inspirada dicha reforma, pero que llegan a clases con hambre, porque en casa no tienen que comer. Por esos pequeños, que caminan largos trayectos en malas condiciones, para llegar a la escuela más cercana, que hoy, debido a las leyes aprobadas, por quienes dicen estar preocupados por la educación, están en riesgo de desaparecer, complicando aún más el acceso a la educación de quienes viven en condiciones marginales.

Por los oprimidos, por los olvidados, los invisibilizados, por nosotros, porque tenemos rabia, estamos y seguiremos luchando en las calles, en las escuelas, desde nuestras trincheras, desde nuestro quehacer cotidiano.

¡No claudicar y ni un paso atrás! Es nuestra consigna.

 

  

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     Los Certificados.

 

- Es la primera vez que nos vienen a entregar hasta nuestra colonia los certificados- le dijo el papá de Hilderio al profe Gilberto –muchas gracias- culminó.

- Son esas las palabras las que me recuerdan porque me hice maestro- me dijo el maestro Gilberto conmovido al finalizar el ciclo e ir a entregar los certificados hasta la colonia de aquellos a quienes les toca caminar.

 Fin de ciclo, Julio de 2015.

 

  

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Tengo 27 años practicando la educación, como maestra titular en grupos de pre-escolar y primaria, en escuelas privadas urbanas; he sido facilitadora de talleres de Creatividad y Educación Ambiental en secundaria y bachillerato; tuve la oportunidad de trabajar en una escuela de CONAFE dentro de una comunidad rural en el Estado de México y ahí co-creamos las mujeres y yo una experiencia de manejo de agua sostenible (compostas, hortalizas, eco-tecnias, restauración de arroyos y trabajo de consciencia con los niños).

Volví a la Ciudad porque hay una contradicción en mi misma en cuanto a la búsqueda de oportunidades, así que regresé a la sobrevivencia. El Sistema Educativo está creado de tal manera que si tengo una Licenciatura, una Especialidad y un Posgrado ya no tengo espacio para ser maestra de Educación Básica, porque estoy más preparada; pero para ser maestra en Secundaria o Bachillerato necesito la Maestría; en Universidad, necesito el Doctorado, así que estuve algunos años sin trabajo porque no encajaba en ningún nivel.

Este último año, al mismo tiempo que estudio la Maestría, entré a trabajar a una primaria, con un sueldo que no me alcanza para mis necesidades básicas, pero donde hay apertura a que aplique con los niños herramientas de narrativa, pensamiento crítico, desarrollo de la creatividad entre muchas otras alternativas, por eso estoy ahí.

No dejo de buscar la manera de volver al campo y ser auto-sostenible.

La toma de decisiones es algo que en educación se necesita sembrar en los niños, porque el sistema nos presenta muchas alternativas, tantas que los individuos no saben que elegir, no saben lo que quieren. La educación es una oportunidad para que recuperemos al sujeto y nos relacionemos con honestidad, compromiso y amor.

 

  

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Yo no sé si sirva de algo pero estoy seguro que no, no sé si la reforma educativa sirva de algo, no sé si le dé la oportunidad de que l@s alumn@s de la Selva Norte de Chiapas se alimenten, vivan y aprendan dignamente, estoy seguro que no.

Yo no sé si la reforma educativa permita mantener y conservar las tradiciones, costumbres y lenguas de las comunidades indígenas de Chiapas; estoy seguro que no.

No sé también si la reforma sensibilice sus planes y programas y así permitan escuchar las diferentes voces que gritan, ¡queremos aprender, y aprender algo útil, no para ser útiles, como si l@s alumn@s fueran cosas u objetos; estoy seguro que no.

Yo no sé si la reforma educativa le de zapatos o un espacio digno para educarse a aquell@s niñ@s que caminan dos horas montaña arriba para poder aprender; estoy más que seguro que no.

 

  

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     Ni perdón ni olvido.

Ayer me dijo la tele que “Mexicanos Primero” es la esperanza de mi país. Y yo me pregunto: ¿cómo voy a enseñar domesticación en las clases que imparto a mis alumnos? No quiero que en su vida adulta estén capacitados para ser parte del grupo de “Mexicanos Primero”, no quiero que sean competentes a empresas que únicamente los verían como recursos rentables. Sirviendo al mesías Nuño o a empresarios.

   #NOALAREFORMAEDUCATIVA

 

 

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            ¡OAXACA VIVE!

L a reforma educativa en México es:

Ú nicamente para desaparecer la educación rural en las

C omunidades y jodernos a los ya jodidos, debemos

H umanizar la educación desde la

A utenticidad de conocimientos

R eales y comunitarios,

P racticamos día a día y desde

A bajo formas de pedagogía que nos vinculan con nuestras comunidades, nuestras

R azones y rabias son justificadas porque

A mamos lo que hacemos y lo hacemos con el corazón.

V iolentan la educación desde una ley impuesta y promueven la

I ndiferencia social desde sus aparatos de poder que incitan a

V ivir robotizado. Son las

I nclemencias del poder capitalista.

R esistencia es lo que el pueblo en común necesita.

Soy maestra de Educación Indígena y la educación no es una condición. “es un derecho”.

                                                                                                      ¡Hasta la victoria siempre!

 

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Soy maestro porque trabajar con jóvenes me entusiasma, porque creo que la educación es una respuesta a nuestros problemas. No creo que la reforma educativa despierte en los jóvenes el amor por el conocimiento, por su región. Más bien creo que los pondrá a competir, que los vaciará de solidaridad y de humanidad.

Nadie les pidió su opinión, ni a ellos ni a sus padres, nadie me pidió mi opinión y no conozco a ningún compañero que allá sido consultado. ¿De quién es esa reforma?, ¿A qué intereses responde?, no queremos una reforma donde no estén nuestras voces.

 

 

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    Sólo por sentido común

 

   ¿Qué pienso de la Reforma Educativa?

 

1-    Pienso que si fuera buena, para bien de la educación, hubieran consultado a los que están en ella: a los maestros, alumnos, padres de familia y académicos.

2-    Pienso que si fuera buena, los maestros la aceptarían y no tendrían que mandar a la PFP junto con los evaluadores.

3-    Pienso que si beneficiara al pueblo, los empresarios no estarían tan interesados en ella.

4-    Pienso que si el mismo Presidente de la República dice que con la Reforma Educativa no se privatizará la educación, y si lo mismo dijo de Pemex, ya sabemos lo que pasará con la Reforma Educativa.

Pienso que si la Reforma Educativa fuera buena para los maestros y pueblo, el gobierno no tendría por qué reprimir a los que se oponen a ella, cesandolos, encarcelándolos, golpeándolos o masacrándolos, como en Nochixtlán.

 

 

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Soy profesor horas clase de nivel bachillerato en ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, un lugar lleno de situaciones que transgreden la existencia. Niñas que se vuelven madres a los 14 años y hablan con el deseo de madres de 30; jóvenes que juegan a drogarse y lo anuncian como si se tomaron un refresco en la esquina con sus amigos; muchachos que aspiran a un título de narcotraficante; una sociedad que ha naturalizado la violación de mujeres y todas las mañanas compran la noticia en periódicos llenos de sangre.

 

¿Acaso la reforma educativa habla de eso? ¿Acaso la reforma educativa propone soluciones a ello?

 

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